La religión de la cultura
maya se
caracterizó por pasar de la vida alrededor de
ciclos infinitos del universo. La vida
cotidiana de los mayas estaba siempre impregnada por las creencias, las creencias mayas partían del enfrentamiento
entre el bien y el mal. La religión encuentra sus raíces
en el tiempo. Ellos usaron distintos sistemas de calendarios basados bajo
diferentes pautas, dividiendo los ciclos de vida de la cultura
maya.
Ellos creían que el mundo había
sido creado cinco veces y destruido cuatro veces, esta es la
base de la cultura religiosa mesoamericana que se propagó desde el año 900 en
adelante.
Muchos de sus dioses eran reptiles, eso representaba su maldad.
Los mayas creían en que si había una vida después
de la muerte. Las personas que morían iban a un “paraíso”. No todos iban al paraíso,
solo iban los que habían sido sacrificados, asesinados o murieron de niños.
Todo el resto de las personas eran enviadas al infierno, que era gobernado por
los llamados “dioses de la muerte”.
Los dioses vinculados
con el bien producían cosas buenas y provechosas, como la lluvia o las cosechas
abundantes; mientras que las divinidades relacionadas con el mal causaban
desastres, hambrunas y otras calamidades.
La religión poseía
tres características, ser Politeístas, Naturistas y Dualistas.
Una característica
maya era su total confianza en el control de los dioses respecto a determinadas
unidades de tiempo y de todas las actividades del pueblo durante dichos
tiempos. Todas las creencias culturales de los mayas están fundamentadas en una
concepción religiosa del mundo ya que este, se concibe de origen divino y
perneado por energías sagradas que determinan todo acontecer.
Construyeron muchos templos, alrededor de
ellos se levantaban las ciudades. En ellos daban doctrina los sacerdotes. Contaban con numerosos templos
dedicados a sus dioses, estas divinidades estaban vinculadas a la naturaleza.
Al igual que las cristianas y que otras
muchas, las creencias mayas partían del enfrentamiento entre el bien y el mal,
con la diferencia de que tanto uno como el otro tenían carácter divino. Ambos
poderes aparecían en continuo enfrentamiento, pero siempre como antagonistas
unidos.
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