miércoles, 29 de junio de 2016

Religión Maya

La religión de la cultura maya se caracterizó por pasar de la vida alrededor de ciclos infinitos del universo. La vida cotidiana de los mayas estaba siempre impregnada por las creencias, las creencias mayas partían del enfrentamiento entre el bien y el mal. La religión encuentra sus raíces en el tiempo. Ellos usaron distintos sistemas de calendarios basados bajo diferentes pautas, dividiendo los ciclos de vida de la cultura maya.
Ellos creían que el mundo había sido creado cinco veces y destruido cuatro veces, esta es la base de la cultura religiosa mesoamericana que se propagó desde el año 900 en adelante.
Muchos de sus dioses eran reptiles, eso representaba su maldad.
Los mayas creían en que si había una vida después de la muerte. Las personas que morían iban a un “paraíso”. No todos iban al paraíso, solo iban los que habían sido sacrificados, asesinados o murieron de niños. Todo el resto de las personas eran enviadas al infierno, que era gobernado por los llamados “dioses de la muerte”.
Los dioses vinculados con el bien producían cosas buenas y provechosas, como la lluvia o las cosechas abundantes; mientras que las divinidades relacionadas con el mal causaban desastres, hambrunas y otras calamidades.
La religión poseía tres características, ser Politeístas, Naturistas y Dualistas.
Una característica maya era su total confianza en el control de los dioses respecto a determinadas unidades de tiempo y de todas las actividades del pueblo durante dichos tiempos. Todas las creencias culturales de los mayas están fundamentadas en una concepción religiosa del mundo ya que este, se concibe de origen divino y perneado por energías sagradas que determinan todo acontecer.
Construyeron muchos templos, alrededor de ellos se levantaban las ciudades. En ellos daban doctrina los sacerdotes. Contaban con numerosos templos dedicados a sus dioses, estas divinidades estaban vinculadas a la naturaleza.

 Al igual que las cristianas y que otras muchas, las creencias mayas partían del enfrentamiento entre el bien y el mal, con la diferencia de que tanto uno como el otro tenían carácter divino. Ambos poderes aparecían en continuo enfrentamiento, pero siempre como antagonistas unidos.

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